El universo
Hubo
un instante cero, posiblemente una explosión repentina y masiva de energía
producida hace unos 15.000 millones de años. Desde entonces todo es dinamismo
en el universo, que crece como una tarta en el horno: las galaxias se van
alejando entre sí, las estrellas surgen a la vida en explosiones y se
expanden y contraen, los planetas describen órbitas alrededor de las
estrellas y los cometas atraviesan fugazmente los sistemas solares. ¿Qué
nuevos descubrimientos nos traerá la ciencia?
( La Vanguardia, 9-09-01)
HAY PREGUNTAS sin
respuesta: ¿por qué empezó el universo en estado denso, caliente y en
expansión uniforme?
ANÁLISIS:
La frontera cósmica
en el siglo XXI
A lo largo de la historia
de la humanidad se ha ido repitiendo la eterna pregunta: ¿qué existe más allá?
La frontera de lo conocido ha ido expandiéndose a medida que hemos comprendido
mejor nuestro universo. Al principio, cuando se creía que la Tierra estaba en
el centro del universo, la frontera cósmica era la esfera cristalina de las
estrellas, cuya distancia no se creía mucho mayor que la del Sol y los
planetas. Era un universo limitado en el espacio, y la realidad que pudiera
existir más allá pertenecía únicamente al mundo divino. Esta concepción se
mantuvo hasta después de que se aceptara que el planeta Tierra se mueve
alrededor del Sol. Entre los siglos XVII y XIX, distintos avances astronómicos
permitieron demostrar que las estrellas no están colgando de una esfera
celeste, sino que son otros soles que se encuentran distribuidos en el espacio
tridimensional.
Las mediciones por el astrónomo William Herschel de la cantidad de estrellas en
distintas direcciones del cielo pronto demostraron que nos encontramos en un
sistema estelar en forma de disco, la Vía Láctea, de un tamaño finito que fue
posteriormente determinado en unos cien mil años luz. La nueva concepción del
universo consistía en la Vía Láctea como una isla que contiene miles de
millones de estrellas, rodeada del espacio vacío e ilimitado. Finalmente, los
descubrimientos de Edwin Hubble demostraron que las denominadas "nebulosas
espirales" no eran nubes situadas dentro de la Vía Láctea, sino otras
galaxias como la Vía Láctea esparcidas por todo el espacio que podemos
observar.
¿Hasta dónde llega este universo de galaxias? La cosmología moderna nos
impone un límite fundamental. Según la teoría del "big bang" o la
"gran explosión", el universo fue creado hace unos quince mil
millones de años. Las galaxias a gran distancia las observamos no en el momento
presente, sino tal como eran en el pasado debido a que la luz viaja a velocidad
finita. Cuanto más lejos observamos, más se remonta hacia el pasado nuestra
observación. Por lo tanto, a medida que aumenta la capacidad de nuestros
telescopios para observar objetos más distantes, vamos contemplando
literalmente toda la evolución del universo.
La luz más lejana que hemos detectado es la denominada radiación cósmica de
fondo, emitida antes de que existieran las galaxias, cuando el universo tenía
trescientos mil años. Esta luz procede de la frontera cósmica, un horizonte
observacional más allá del cual nada podemos ver simplemente porque la luz no
ha tenido tiempo de llegar hasta nosotros desde el inicio del universo. La región
accesible a nuestras observaciones es probablemente una parte ínfima del
universo de galaxias, pero nuestro horizonte observacional nos impide observar
hasta dónde se extiende.
Aunque la ciencia del siglo XX ha llevado nuestra visión hasta la máxima
distancia alcanzable, nos ha dejado con multitud de preguntas abiertas. Algunas
se remontan a los primeros instantes: ¿por qué empezó el universo en un
estado denso, caliente y en expansión uniforme? La teoría de la "gran
explosión" da cuenta del universo observado una vez se postula ese estado
inicial, pero deja sin respuesta nuestra curiosidad sobre el origen de ese
estado. ¿Cuál es la naturaleza de la materia oscura y de la energía del vacío
que se detectan en el universo? ¿Cómo surgieron las fluctuaciones, o
variaciones, de densidad a partir de las cuales se formaron, por colapso
gravitatorio, las galaxias? Otras preguntas se refieren a su evolución
posterior: ¿cuándo aparecieron las primeras galaxias y cómo fueron las
primeras estrellas? ¿Cómo han ido cambiado las galaxias? ¿Cuándo se formaron
y cómo crecieron los agujeros negros de gran masa que se encuentran en su
centro?
La frontera cosmológica del siglo XXI no se encuentra, pues, en el
engrandecimiento del universo accesible a nuestra visión, sino en la
profundización de nuestro conocimiento físico del universo y enla observación
detallada de la historia de la formación y evolución de las galaxias que se
encuentran desplegadas en el cielo ante nosotros.
JORDI MIRALDA ESCUDÉ, profesor de la Ohio Estate University
SOSPECHAMOS QUE un
mayor conocimiento sobre la masa oscura nos permitirá saber más sobre el
"instante cero"
LA SITUACIÓN:
Qué sabemos hoy
acerca del universo
Desde los albores de la
humanidad, todas las culturas han desarrollado su visión del universo basada en
la observación de la naturaleza y los conocimientos de la época. En los
pueblos primitivos, este modelo cosmológico consistía en una explicación
mitológica del entorno geográfico inmediato. En las civilizaciones de la antigüedad
clásica, era ya una descripción racional del sistema solar, sugerida por el
movimiento aparente de los astros sobre la bóveda celeste. Observaciones astronómicas
cada vez más precisas llevaron a Copérnico, Galileo y Kepler a comprender que
el Sol era, en realidad, una estrella como otra cualquiera y la Tierra uno de
sus múltiples planetas. De esta forma, se desvaneció definitivamente la idea
de que ocupamos una posición central en el universo y, con ella, el carácter mítico-religioso
que hasta ese momento había mantenido, de una u otra forma, la cosmología. A
este salto conceptual siguió otro no menos decisivo para la idea que nos
hacemos hoy del universo: el desarrollo, por parte de Newton, de la teoría de
la gravitación universal, motor de los movimientos de todos los astros.
Pero ha sido, sin duda, a lo largo del siglo XX cuando se ha producido la eclosión
de la cosmología como una ciencia empírica capaz de producir conocimientos
contrastables. Esto ha sido posible gracias a la conjunción entre los grandes
avances tecnológicos que nos han permitido observar a todas las frecuencias del
espectro electromagnético, desde las ondas radio hasta los rayos gamma, y la
aparición de nuevas teorías físicas. El resultado ha sido un modelo preciso y
coherente de universo que explica cuanto en él existe hasta distancias
inimaginables y cómo ha evolucionado todo desde un tiempo en el que apenas nada
había tomado forma.
Las bases observacionales de ese modelo llamado "big bang"
-onomatopeya inglesa de gran explosión- fueron establecidas por Edwin Hubble.
Este astrónomo norteamericano descubrió, allá por los años veinte, que las
estrellas que observamos por la noche están agrupadas en medio del vacío cósmico
y que el universo está uniformemente lleno de otras agrupaciones parecidas.
Estos sistemas estelares, llamados genéricamente galaxias, tienden a separarse
unos de otros tanto más rápidamente cuanto mayor es su distancia, lo cual
muestra que el universo crece y se está expandiendo como una tarta en el horno.
Por aquellos mismos años, Einstein acababa de desarrollar una teoría
gravitatoria más potente que la de Newton, la famosa relatividad general, que
permitía abordar la anhelada empresa de estudiar la evolución del universo.
Utilizando esa nueva herramienta teórica, Friedman y Lemaître llegaron a la
conclusión de que el universo ha seguido una evolución similar a la de la
materia eyectada tras una explosión -de ahí el nombre de "big
bang"-.
Según este modelo, la expansión del universo está siendo frenada por la
propia atracción gravitatoria de la materia. ¿Podría suceder que, en un
futuro, esta expansión llegara a frenarse por completo y el universo empezara a
colapsar sobre sí mismo? En principio, sí. Todo depende de cuán elevada sea
la densidad del universo. Podemos intentar estimar esta densidad a partir de la
abundancia observada de galaxias. Sin embargo, no toda la materia que llena el
universo debe necesariamente manifestarse ante nuestros telescopios. Parte de
ella puede ser oscura. De hecho, analizando el movimiento de las estrellas y del
gas interestelar en el interior de las galaxias, o la trayectoria de la luz al
cruzar los grupos y cúmulos de galaxias, hemos podido comprobar que gran parte
de la materia, en torno a un 80%, no emite luz y sólo se manifiesta a través
de la gravedad que ejerce. Por otro lado, el futuro de la expansión del
universo depende también de una constante que aparece en la relatividad general
de Einstein. Según su valor, existe en el universo una repulsión que tiende a
compensar, incluso puede que supere, la atracción que ejerce la materia. Como
se ha comprobado recientemente, el universo está actualmente en fase de expansión
acelerada debido a que dicha constante cosmológica ha dejado de ser
despreciable frente a la densidad del universo. Ignoramos cuál es el origen de
esa constante. Sólo sabemos que puede interpretarse como la energía del vacío,
motivo por el que suele llamarse "energía oscura".
¿Y qué hay del pasado del universo? Según nuestro modelo, hace miles de
millones de años, todo estaba mucho más apretado y caliente. El efecto de la
expansión en la densidad se comprende fácilmente, mientras que el efecto en la
temperatura se desprende de las leyes de la termodinámica. Cuando un fluido se
expande sin que se le aporte calor, se enfría. Esto es lo que sucede, por
ejemplo, con el amoniaco en el serpentín de un frigorífico. Así pues, en un
pasado suficientemente remoto, la temperatura que reinaba en el universo era tan
elevada que los átomos estaban rotos en núcleos y electrones y, anteriormente,
los núcleos desintegrados en protones y neutrones. En los años cincuenta,
Alpher y Gamow comprendieron que, al ir bajando la temperatura del universo con
el paso del tiempo, esas partículas deberían empezar a agruparse en
estructuras progresivamente estables. Primero se formarían los núcleos de los
isótopos más pequeños y ligeros, como el deuterio, el tritio, el helio y el
litio. Este proceso, llamado de nucleosíntesis primordial para distinguirlo del
proceso de formación de los restantes isótopos que ha tenido lugar
posteriormente en el interior (y alrededor) de las estrellas, explica
perfectamente la abundancia observada de los distintos elementos químicos que
existen en el cosmos. Más tarde, aquellos núcleos ligeros (con carga positiva)
se agruparían con los electrones (con carga negativa) formando átomos neutros.
Dado que los fotones o cuantos de luz sólo interaccionan con partículas
cargadas eléctricamente, al volverse neutra la materia, dejaron de
interaccionar con ella y empezaron a enfriarse a un ritmo bien conocido en función
de la expansión del universo. Según los cálculos de Alpher y Gamow, aquella
sopa de fotones debería tener hoy unos 3 grados de temperatura absoluta, con lo
que debería ser perceptible como un fondo de microondas que llenara el universo
uniformemente. En el año 1965, dos ingenieros norteamericanos, Penzias y
Wilson, dieron por casualidad con una radiación de esas características. Esta
confirmación representó el espaldarazo definitivo al modelo del "big
bang".
¿Qué queda todavía por investigar? Evidentemente mucho. Por de pronto debemos
mejorar la determinación de todos los parámetros del modelo: el ritmo de
expansión o constante de Hubble, la densidad y composición de la materia,
tanto oscura como visible, la constante cosmológica, así como otros parámetros
que intervienen en el proceso de formación de las galaxias. Ese último aspecto
es, en sí mismo, otro punto en el que todavía queda mucho por comprender.
Actualmente tenemos sólo una vaga idea de cómo se han formado las galaxias.
Sabemos que han surgido de pequeñas fluctuaciones de densidad en el universo
primitivo que fueron amplificándose por inestabilidad gravitatoria. No
obstante, desconocemos los detalles de su último moldeado. Un método potente
para estudiar la formación de las galaxias y al mismo tiempo mejorar la
determinación de los parámetros del modelo del "big bang" consiste
en analizar en detalle la radiación cósmica de microondas de la que hablábamos.
Esto es así por cuanto las pequeñas fluctuaciones de densidad al origen de las
galaxias perturbaron, por efecto gravitatorio, la sopa primigenia de fotones
causándole pequeñísimas variaciones en la temperatura que podemos detectar
hoy y que nos informan de manera precisa sobre las características de aquellas
fluctuaciones y de las propiedades del universo en el que se han desarrollado.
Finalmente está el objetivo mucho más ambicioso de alcanzar a comprender el
"instante cero". Este es un campo en el que el estudio del
macrocosmos, el mundo de las galaxias, confluye con el del microcosmos, el mundo
de las partículas subatómicas. Actualmente tenemos muy claro que las
propiedades generales del universo son consecuencia directa de las cuatro
fuerzas que actúan sobre la materia: la gravedad, la fuerza electromagnética y
las fuerzas nucleares débil y fuerte. La progresiva comprensión de estas
cuatro fuerzas nos ha llevado a ir unificándolas, es decir, a tratarlas todas
ellas como expresiones diversificadas de una única interacción. Tenemos
fundadas sospechas de que, de alcanzarse la unificación total, podremos llegar
a comprender el motivo último de que nuestro universo y su evolución sean como
he descrito más arriba. Sin embargo, los últimos pasos de esa unificación se
resisten. Probablemente descubrir cuál es la composición de la masa oscura y
qué relación guarda ésta con la energía de igual nombre abra la vía hacia
ese viejo sueño de la humanidad.
E. SALVADOR SOLÉ, catedrático de Astrofísica de la Universidad de Barcelona
LAS CUANTIOSAS
inversiones destinadas a la astrofísica son un fuerte estímulo de la
innovación tecnológica
OPINIÓN:
El impacto de la
astrofísica
Tratándose de ciencia básica,
siempre suele plantearse hasta qué punto los resultados que se esperan de la
actividad científica justifican el coste relativamente elevado de la misma. Nos
referimos, claro está, no a las investigaciones teóricas, las cuales no son
siquiera dignas de mención en su aspecto económico, sino a la ciencia
experimental (en el caso que nos ocupa fundamentalmente observacional), que
implica el uso de grandes telescopios y complejos detectores en tierra, así
como el de instrumentos a bordo de satélites artificiales y sondas espaciales.
Los resultados de la astrofísica y la cosmología constituyen una parte
importante de la cultura contemporánea. No se trata únicamente de su interacción
con otros campos científicos (el conjunto de la física, la biología, las
ciencias de la Tierra, etcétera), sino que la respuesta a las preguntas acerca
del origen, evolución y futuro del universo, la exploración y explicación de
los objetos y fenómenos que tienen lugar más allá de la Tierra interesan al público
más amplio en medida bastante mayor que otras manifestaciones culturales que,
sin embargo, nadie duda se deban financiar. Existe incluso, a este respecto, un
claro desfase entre la concepción de bastantes responsables oficiales, medios
de comunicación e instituciones que se ocupan de la cultura y el interés
popular, mucho más enfocado este último hacia los resultados de la ciencia de
lo que supuestas elites que no consideran el analfabetismo científico motivo
alguno de rubor suelen imaginar. La expansión del universo, cómo se formaron
las galaxias y cómo evolucionan las estrellas, la existencia de planetas en
torno a otros soles, la posibilidad de vida extraterrestre son algunos ejemplos
de cuestiones cuyas respuestas científicas no dejan prácticamente a nadie
indiferente.
Aun siendo lo anterior importante, las considerables inversiones que los países
más industrializados dedican a la astrofísica no responden sólo al papel de
ésta como elemento de la cultura, sino sobre todo al que desempeña como estímulo
de la innovación tecnológica. Explorar los confines del universo para retrazar
su historia, detectar objetos de brillo extraordinariamente débil, contemplar
el universo no sólo en luz visible sino a través de todo tipo de radiaciones
supone rebasar continuamente los límites de las técnicas más diversas. La
ambición e imaginación de científicos e ingenieros impulsa la construcción
de instrumentos con capacidades extraordinarias y los conocimientos y
experiencia así adquiridos son un valioso capital que no se crearía de no
haberse planteado el objetivo de ampliar y profundizar nuestro conocimiento de
lo que existe fuera de la Tierra y de lo que sucedió mucho antes de que ésta
se formara.
Por lo dicho, no es de extrañar que con la industrialización y modernización
de los últimos años hayan empezado a hacerse también en España inversiones
de cierta importancia por su magnitud destinadas tanto a instrumentación astrofísica
como para los observatorios terrestres y para misiones espaciales. En este
sentido, está en fase avanzada de construcción un telescopio de 10,2 metros de
diámetro (acompañado de diferentes instrumentos para la detección y análisis
de la luz captada por éste) en las islas Canarias y se ha participado o se va a
participar en la instrumentación a bordo (y, claro está, en la explotación de
los datos obtenidos) de varias misiones científicas desde el espacio.
Si nuestro país pretende un puesto entre los de industria tecnológicamente más
avanzada, esto debería ser sólo un comienzo. Aprovechar las oportunidades que
se irán presentando de participar en los más ambiciosos proyectos
internacionales en este campo sería pues no sólo una empresa científica, sino
también una contribución muy apreciable a ese progreso material que tan unánimemente
se dice querer promover.
R. CANAL, catedrático de Astrofísica de la Universitat de
Barcelona
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